Selected: Gabinete – Museo del Romanticismo by neobit

El gabinete –dentro del área masculina– fue en realidad un salón de recibir, donde se acogía a las visitas de confianza. Podía ser ámbito de la vida diaria o lugar de recepción del visitante pero, en ambos casos, era escenario de la representación de valores, códigos y preferencias: principios morales, normas sociales y gustos estéticos confluyen en esta sala.
La decoración y el mobiliario solía consistir en sillería, brasero para veladas invernales, consola y vitrinas con diferentes objetos, retratos de familia, etc. La moda imperante se reflejaba en una acumulación de muebles de diferentes estilos, donde reinaba de forma absoluta el pequeño sillón.
En este “templo” de la conversación y de las veladas íntimas no podía faltar el pianoforte –de mecánica vienesa y patas decoradas con cariátides–instrumento de entretenimiento por excelencia que, generalmente, se encontraba escondido por medio de textiles y gran cantidad de objetos, con el fin de ocultar su estridente modernidad. Las mesitas y veladores ya ocupaban una zona central en la habitación, también había pequeñas “sillas de arrimo” –ligeras y sin brazos–.
El confidente –dos plazas opuestas y enfrentadas– es el sillón de los secretos y nace durante la Restauración francesa, siendo también conocido en España con el sugerente nombre de “vis à vis”. Los bordados de sus tapicerías –con hilos metálicos– son semejantes a los de los mantones de Manila y las pasamanerías, de cordones torcidos y cascadas de redecillas, responden a modelos historicistas de lo que entonces se consideraba propio del gusto barroco, tal como aparecen en publicaciones como L´ornement des tissus. Recueil historique, de Dupont-Auberville (1877).
La sillería, tapizada en raso amarillo, parece reproducir las lacas orientales: está esmaltada en negro, con profusa decoración en dorado y responde a la influencia del mueble filipino, tan de moda durante el reinado de Isabel II. Una preciosa butaca reclinable y de pies extensibles –que se ocultan bajo el asiento– nos informa de que, en esa época,
el mobiliario se adapta cada vez mejor a las necesidades humanas y logra un grado de comodidad y confort antes inexistente.
Responden al gusto filipino las tres ligeras consolas, de perfil mixtilíneo y tablero de mármol blanco, apoyado sobre patas cabriolé, con aplicaciones de cabezas femeninas y pie en garra de león y otro pequeño velador, pintado en oro, con la curiosa figura exótica de un negrito que sustituye al fuste del mueble.
En la vitrina se exhiben diversos objetos de uso relacionados con el ámbito masculino, gemelos y alfileres de corbata, impertinentes, antiparras, vasos de faltriquera, relojes de
bolsillo, sellos de lacre, una escupidera de cristal y una bonita bacía de Talavera.

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